El propósito compartido que se halla en el núcleo de ambos procesos es el de encaminar a las personas hacia su propio bienestar y plenitud.
Aunque existen distinciones notables, especialmente cuando nos referimos a objetivos sostenibles a largo plazo. En los retiros espirituales y las terapias pseudocientíficas, las personas encuentran una momentánea mejoría y experimentan un efímero despojarse de las cargas del pasado.
Sin embargo, la inmediata sensación de paz interior suele desvanecerse con el tiempo y las posibilidades de recaída se erigen en un desafío constante.
Es crucial notar que, en estos enfoques, las herramientas psicoeducativas como el control de impulsos, la gestión emocional, las habilidades comunicativas y el adecuado procesamiento de información, quedan lamentablemente relegadas.
¿Y por qué acontece esto?
Primordialmente, los retiros espirituales ponen énfasis en el aspecto espiritual sin considerar el engranaje de los procesos psicológicos. Por su parte, las pseudociencias carecen de una rigurosa validación científica que respalde sus resultados.
Por último, resulta esencial comprender que el procesamiento de información que desmantela patrones de conducta arraigados demanda un extenso período de esfuerzo.
Tomemos como referencia la adquisición de un hábito simple como abandonar el consumo de café, el cerebro suele requerir alrededor de 21 días para internalizarlo. Ahora, extrapolemos esta noción a la modificación de información inconsciente enraizada desde la infancia, una empresa que exige considerablemente más tiempo.
En el marco de la terapia Cognitivo Conductual, nos orientamos por objetivos, y por norma general, cada uno de estos precisa de entre 10 y 20 sesiones, según la complejidad del problema y la aptitud del individuo para incorporar las enseñanzas en su día a día. Un factor cardinal en el proceso de transformación es la decisión firme y constante de adoptar nuevas y útiles herramientas con el fin de romper con patrones preexistentes.
Cuando un paciente acude con desafíos de depresión, en primera instancia, en la terapia Cognitivo Conductual se apunta a mitigar los síntomas depresivos. Sin embargo, para alcanzar un nivel más profundo, resulta imperativo evaluar las creencias irracionales que han guiado al individuo hacia este estado emocional. Este trayecto conlleva tiempo y un trabajo en profundidad.
En situaciones de ansiedad, la reestructuración cognitiva se erige como un recurso, reformulando creencias distorsionadas. Además, se enfatiza en cultivar estrategias de afrontamiento para contrarrestar interpretaciones catastróficas.
Embargar un tratamiento psicológico requiere confianza y paciencia por parte del paciente, considerando que la estructura mental, rígida y aferrada a su realidad, que trae consigo a la consulta, demanda una laboriosa colaboración, tiempo y determinación para su transformación.
Cuando se plantea la queja sobre la longitud de los procesos psicoterapéuticos, esta proviene, en ocasiones, del desconocimiento del tiempo que la mente necesita para internalizar nueva información. Sin duda, sería el anhelo de los psicólogos que los problemas, tejidos a lo largo de una vida, pudiesen resolverse en un puñado de sesiones. Esto aliviaría enormemente la tarea del terapeuta.
No obstante, la realidad es que aún no hemos alcanzado niveles de evolución mental que permitan tal celeridad. Debemos dejar de lado las resistencias y los mecanismos de defensa arraigados, para transitar hacia el camino menos trillado y automático que hemos seguido durante años, pese a su disfuncionalidad.
Con Cariño, Psicóloga Cyntia Deibele.


Deja un comentario