Sanar el trauma emocional y psicológico que deja una herida de abandono no es sencillo. A veces, ni siquiera reconocemos que esta herida está presente en nuestras vidas. Yo lo veo cada día en la consulta, y no puedo evitar recordar el caso de Ana Paula, una mujer que llegó a mi consulta buscando sanar las relaciones tormentosas y codependientes que marcaban su vida. Ella, como muchos, se sentía atrapada en un ciclo doloroso, donde cada relación terminaba dejándola rota y vacía. Este blog lo escribo para personas como Ana Paula, para quienes buscan sanar heridas de la infancia, ese dolor que se siente cuando uno es dejado atrás emocionalmente.
El Origen del Dolor: Reconocer la Herida de Abandono
Ana Paula, de 30 años, llegó a consulta completamente devastada. Había terminado otra relación marcada por dependencia emocional, y sentía que el dolor que la atormentaba era insuperable. Poco a poco, en sesiones llenas de lágrimas, palabras profundas y silencios significativos, comenzamos a descubrir la raíz de su herida. Fue un proceso difícil y profundo, porque enfrentarse al abandono es doloroso, especialmente cuando este tiene sus raíces en la infancia.
Ana Paula creció con padres que luchaban con adicciones. Tanto su madre como su padre lidiaban con el alcoholismo y una relación de codependencia que dejaba poco espacio para atender a una niña que buscaba cariño y seguridad. Desde muy pequeña, ella tuvo que aprender a sobrevivir emocionalmente sola. Me contó cómo pasaba noches enteras esperando que alguno de sus padres llegara a casa o se diera cuenta de que ella estaba ahí, necesitándolos. Esa necesidad de ser vista y valorada se convirtió en un vacío profundo, que intentó llenar en sus relaciones adultas, repitiendo patrones que solo le traían más dolor.
Comprender el Trauma Emocional y la Herida de Abandono
La herida de abandono se enraiza en el trauma emocional que sentimos al no ser cuidados, valorados o amados como necesitábamos en nuestra infancia. Este tipo de trauma psicológico crea una cicatriz que puede manifestarse de muchas formas en la adultez: relaciones tóxicas, dependencia emocional, ansiedad y un miedo constante a ser dejado atrás. En mi experiencia, he visto cómo el abandono emocional que sufren algunos niños se convierte en una carga que llevan hasta la vida adulta. Esa carga les hace buscar desesperadamente en los demás el amor que nunca recibieron.
Ana Paula, al ver este patrón repetitivo, se dio cuenta de que había normalizado la ausencia de sus padres. Para ella, ser ignorada o dejada en segundo plano era algo “normal”, lo cual moldeó su percepción de lo que merecía. No es raro que, en casos como el suyo, las personas busquen parejas que les den una dosis de la atención y el afecto que les faltaron. Sin embargo, esta búsqueda, sin sanación previa, suele llevar a relaciones donde la dependencia y el sufrimiento son el centro.
El Impacto del Trauma Psicológico en Nuestras Relaciones
Uno de los aspectos más dolorosos de la herida de abandono es su capacidad para afectar nuestras relaciones de pareja. Cuando no sanamos la sensación de abandono, vivimos con la creencia de que los demás también se alejarán de nosotros. Ana Paula era un claro ejemplo de cómo la ansiedad por ser abandonada la llevaba a aferrarse a relaciones que, en lugar de nutrirla, la destruían.
Recuerdo una sesión en particular en la que me habló de su expareja, alguien que la había hecho sentir constantemente insuficiente y dependiente. A través del proceso terapéutico, Ana Paula comenzó a entender que su dependencia emocional venía de esa niña interior que aún buscaba ser vista. Aquella niña esperaba que alguien la rescatara de la oscuridad de su infancia. Ese alguien nunca llegó, y así ella creció con la creencia de que debía aceptar cualquier tipo de amor, sin importar cuánto dolor causara.
Sanando la Herida de Abandono: Volviendo a la Raíz
El proceso de sanar la herida de abandono no es sencillo. Requiere tiempo, paciencia y un trabajo profundo de autoconocimiento. En las sesiones con Ana Paula, trabajamos juntas para construir una relación de confianza, donde ella pudiera expresar su dolor sin temor a ser juzgada o abandonada. Con el tiempo, ella comenzó a entender que el vacío que sentía no podía llenarlo ninguna relación; ese vacío solo podía sanarlo ella misma.
Recurrimos a técnicas de terapia cognitivo-conductual, que la ayudaron a identificar esos pensamientos automáticos que la hacían sentir insuficiente o indigna de amor. Le propuse ejercicios de visualización, donde podía reconectar con su niña interior y abrazarla, recordándole que ahora ella misma podía cuidarla. Ana Paula comenzó a sentir una paz interna, una calma que nunca había experimentado, porque estaba construyendo una relación consigo misma.
La Importancia de Buscar Ayuda Psicológica para Sanar Heridas de la Infancia
El trabajo de sanar una herida de la infancia, especialmente una tan compleja como la de abandono, puede ser abrumador. Requiere valentía y apoyo. Ana Paula, como muchos otros, llegó a un punto en el que se dio cuenta de que el dolor y la repetición de patrones en su vida no desaparecerían solos. Reconoció la importancia de buscar ayuda psicológica y de comprometerse con su propio proceso de sanación.
Ella solía pensar que el abandono que había experimentado era una condena, una sentencia que la llevaría a repetir ciclos de dolor. Pero, al final, entendió que la herida de abandono no define a nadie. A través de la terapia, Ana Paula aprendió a aceptarse, a reconocer su valor y a dejar de buscar en los demás esa validación que solo podía darle ella misma.
Sanar una herida emocional como la de abandono es un camino profundo y desafiante, pero las recompensas son inmensas. Cuando logras sanar ese dolor, te liberas de patrones destructivos y aprendes a construir relaciones más sanas y satisfactorias. Haz de este proceso una prioridad, no por los demás, sino por ti.
¿Listo para iniciar el camino?



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