Hazlo con miedo.

Los hombres no hallan temor en las meras cosas, sino en la mirada que proyectan sobre ellas, como bien expresó Epicteto.

Experimentar el miedo es una experiencia intrínseca a la humanidad; sin embargo, lo que resulta inaceptable es ceder ante su paralizante dominio, permitir que obstruya el camino hacia nuestras metas, interrumpa los delicados hilos de nuestros sueños y arroje su sombra sobre nuestra vida cotidiana.

El miedo, invariablemente, toca a cada puerta. Lo que marca la diferencia entre unos y otros radica en la manera en que decidimos interpretarlo, ya que en esa elección se forja la voluntad de enfrentarlo.

Es posible decidir:

Actuar o inmovilizarse. Abrazar las emociones o cerrarles la puerta. Persistir o retractarse. Avanzar o estancarse.

Innumerables rutas se despliegan ante nosotros cuando el miedo emerge, sin embargo, en caso de ceder a su control, la perspectiva con la que moldeamos nuestra realidad se oscurece. Las emociones se visten de frustración, furia, desilusión, angustia y melancolía.

Tomemos como faros luminosos a los modelos de éxito, aquellos que han desafiado sus miedos con determinación. Contemplemos a John Forbes Nash, laureado con el Nobel en matemáticas a pesar de lidiar con la esquizofrenia, una condición que desdibuja los límites de la realidad. Su historia ejemplar nos habla de la posibilidad de convivir con los propios temores (las alucinaciones), de convertir las adversidades en oportunidades, trascendiendo la dificultad en pro de la realización personal.

Por tanto, cuando el miedo intente insidiosamente apoderarse de nuestra existencia, enfrentémoslo con bravura. Recordemos que se trata de un monstruo gestado en la mente, un intruso ajeno a la auténtica realidad. Aniquilémoslo con la evidencia palpable de que en el interior de nuestra mente existen pilares más sólidos: la valentía, la firmeza y la confianza, elementos que ostentan una fuerza y poder superiores a cualquier miedo.

SI EL MIEDO SE CIERNE, ENFRENTÉMOSLO CON ÉL. HAGÁMOSLO A PESAR DEL MIEDO, PERO HAGÁMOSLO.

Con Cariño, Psicóloga Cyntia Deibele

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