La cuestión de si las personas realmente pueden cambiar es un eco constante en el mundo de la psicología y la autotransformación. Desde mi óptica como profesional de la salud mental, afirmo con convicción que, en efecto, las personas poseemos la asombrosa capacidad de cambiar.
Nuestro ser está moldeado por dos fuerzas: el TEMPERAMENTO, que nace en nuestros genes, y el CARÁCTER, que se forma a través de la experiencia y el tiempo.
El temperamento, influenciado por la genética, actúa como la brújula inicial que dicta si nuestra respuesta a estímulos será impulsiva o pasiva. No obstante, este componente no es inmutable. A lo largo de nuestra vida, la educación, el entorno familiar, amistades y contexto social pueden modular y ajustar nuestro temperamento hacia una dirección más positiva o negativa.
Acompañando al temperamento, encontramos el carácter, pieza clave que, junto con el temperamento, modelará nuestra personalidad única. Pero aquí radica el poder del cambio: el carácter no es un sello estático. Mediante un tratamiento psicológico adecuado, podemos dotar a nuestro carácter de herramientas que amplíen nuestra conciencia y nuestra inteligencia emocional. Estas nuevas perspicacias nos permitirán enfrentar las situaciones con una perspectiva más rica y adaptativa.
Un factor esencial para la transformación es la intención respaldada por constancia, disciplina y decisión. Si bien es cierto que la infancia y las circunstancias tempranas pueden haber dejado cicatrices emocionales, la resiliencia humana es extraordinaria. Las conductas impulsivas, agresivas o negativas que puedan haberse arraigado en nosotros pueden ser redirigidas con un compromiso real hacia el cambio.
No importa si el pasado no fue perfecto. Si tu entorno no fue ideal, si las oportunidades parecían escasas, no te detengas en el retrovisor. Mirar atrás solo ralentiza tu camino hacia una versión mejorada de ti mismo. Asumamos el control de nuestras vidas y alcancemos los niveles de felicidad que merecemos.
La niñez puede sentar las bases, pero no es el destino inmutable. La determinación y la capacidad de tomar las riendas de nuestra existencia nos brindan la oportunidad de modelar nuestra personalidad.
Educa tu mente como un jardín. Alimenta tu ser con información de calidad y positividad. Eres un chip de contenido en constante formación, una computadora mental con la capacidad de almacenar lo que elijas. ¿Deseas llenarla de basura o nutrirla con calidad? La elección es tuya. No permitas que las circunstancias dirijan tu rumbo; toma el timón y trasciende.
Así que, abraza el potencial de cambio. Transforma tus experiencias en peldaños de evolución personal. El disco duro de tu mente es moldeable y adaptable, y tú eres el arquitecto de esa transformación.
Con Cariño, Psicóloga Cyntia Deibele


Deja un comentario